Italia, impresiones de un País. Roma y El Vaticano

 

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR:  José Enrique González  (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Febrero de 2.007

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SOBRE ROMA. Diario:

 

   Nuestro viaje a Roma fue inesperado, por lo que con tan solo 4 días antes de salir, iniciamos las reservas, y por lo que las opciones fueron algo limitadas.

 

   De los hoteles que eran posible, escogimos el Diana, situado próximo a la famosa estación Termini, relativamente céntrico y que, según las informaciones, parecía normal.

 

   Es conveniente llevar contratados los traslados, pues el aeropuerto está a unos 26 Km. y, aunque está comunicado mediante el tren-metro, si no se sabe exactamente llegar al hotel elegido, es preferible la seguridad de que te estén esperando y te dejen en recepción.

 

   Nos recogieron a la llegada en un flamante  Chrysler con apertura de maletero a distancia y todo lujo de detalles y para nosotros solos.

   Tras recorrer Roma, nos acomodamos en el hotel, pero en una habitación minúscula, con un baño de despreocupada apariencia y terminación, y con vistas a un pequeño patio mugriento de grasas en paredes y tuberías.

                      

 

  Pasamos la noche y, al bajar al restaurante para el desayuno, reclamamos en recepción y, tras disculparse porque por la noche estaba lleno, nos indican que es posible un cambio a una habitación de reciente reconstrucción, la que vemos y se trata de la que llaman allí suitte, con un baño precioso, paredes enteladas, flamante parquet y amplio espacio.

      Así el viaje empieza bien.

                       

   En Roma, debido a la concurrencia de obras de arte, es conveniente andar y andar, por lo que hay que llevar calzado cómodo y ropa preferente de algodón, ya que la temperatura es alta y algo húmeda por la proximidad al mar.

            

   El primer día, plano en mano, comenzamos a andar  y andar, lo que nos permitió contemplar en las 10 horas siguientes El Teatro de la Opera, La maravillosa iglesia Sta. Mª la Mayor, impresionante, S. Pietro in Vincoli, Los exteriores de El Coliseo, pues las colas para entrar eran muy largas, El Arco de Constantino, majestuoso y muy esculpido, El Arco de Tito, El Palatino, El Circo Maximo, El Arco de Giano, todo el recinto de El Foro Romano, El Campidoglio donde visitamos el Musei Capitolini compuesto por dos espectaculares palacios museos (pintura y escultura, con algo de arqueología, visitamos el espectacular, artistico e impresionante monumento a Victorio Emmanuelle II, admiramos la grandiosa columna Traiana, el Foro Traiano, el Mercati Traianei y el Palacio de la Exposición, actualmente en restauración por lo que se contempla por el exterior.

            

  El almuerzo a base de ensaladas muy ricamente condimentada, pasta fresca con un sabor distinto al habitual nuestro, postres y expreso (exquisito), está alrededor de unos 20 € por persona, y la clavada está en las cervezas, que te suelen cobrar sobre unos 3 € por una copa normal, y en el café que ronda el mismo precio si te tomas un delicioso capuchino.

  Hay otros restaurantes que, aunque cobren igual precio por la cerveza, te las ponen de hasta 660 cl. lo que compensa el precio.

 

  La cena, de parecidas características al almuerzo, la hicimos en una Trattoria cercana al hotel por el agotamiento acumulado de las visitas del día.

 

   Roma tiene un incipiente trazado de metro, con dos líneas a tres niveles de profundidad.  El precio es de 1 € por billete y los hay para el día completo, por semanas, etc. Pero para visitar esta Ciudad, no es rentable coger frecuentemente el metro por la proximidad de los lugares interesantes.

            

   Al día siguiente nos propusimos visitar la Pza. de S. Pedro utilizando la línea A del metro y, guardando una espectacular cola, la Basílica de El Vaticano. 

 La cola era prácticamente andando todo el tiempo, por lo que accedimos al enorme recinto en unos 20 minutos.  

                

  El Vaticano es de unas dimensiones extraordinarias, no pareciendo tan desproporcionado por la relación de todos los elementos que lo componen e integran que están dimensionados todos en proporción, lo que da un aspecto homogéneo y armónico.

                         

   Espectaculares son las esculturas en mármol de Carrara, La Piedad del famoso Miguel Angel, las columnas salomónicas o los mosaicos a título de cuadros, cuya perfección y variedad de tonos, los hacen difíciles de diferenciar de cuadros ejecutados al óleo con las mas bellas tonalidades.

                      

   Proseguimos a pié nuestro itinerario, hasta el castillo de Sant´Angelo y, a continuación, cruzando el río Tevere por el puente de Sant´Angelo, ricamente adornado con perfectas esculturas a ambos lados del mismo, dirección a la conocida Pza. Navona, no sin antes hacer una parada para reparar nuestras fuerzas con un suculento almuerzo que como plato principal pedimos un buen trozo de cordero al horno, aderezado con romero y otras hierbas aromáticas.   El resto igual, ensaladas con mozarella, algo de pasta, tiramisú, bebidas y café.   El precio el mismo, unos 40 € los dos.

 

   Pasamos por muchas calles de las autenticas calles vivideras de la Roma de siempre, hasta llegar a la concurrida Pza. Navona, llena de malabaristas, pintores, mimos, cafeterías y curiosos.

  Una grandiosa escultura central preside la plaza y, dos artísticas fuentes, ricas en esculturas, se sitúan en ambos extremos.

   En la zona media de uno de los laterales, se encuentra una magnifica iglesia con una enorme cúpula, y con una rica y exquisita decoración interior.

          

  Continuando por las calles interiores a las nuevas avenidas, accedemos al Palacio Montecitorio, después a la Piazza Colonna, para llegar de repente y a la vuelta de una esquina, a una pequeña plaza, llena de gentes y con un fuerte murmullo entorno a un espectacular y único grupo escultórico, la Fontana de Trevi. 

  Inevitable es el sentarse a su borde y dejar la mente en blanco para que absorba todo el encanto y embrujo de esta fuente, cargada de historia y de peticiones.

  El agua al caer acompaña con su sonido el romanticismo del entorno, las máquinas de fotos no cesan de disparar y, entre tanta belleza y arte, tiramos otra vez unas monedas al agua, vueltos de espaldas, mientras formulamos un deseo que, con ilusión y esperanza queremos alcanzar.  

              

 

                

   Otro de los días de estancia en esta vieja y eterna ciudad, lo empleamos para ver el Quirinale y el Palacio de la Opera, así como vagar por las calles llenas de encanto y de bonitas vistas, y también para visitar la Plaza de España,

 

 en cuyas proximidades se encuentra una gran zona peatonal, llena de tiendas de las más conocidas marcas exclusivas a niveles mundiales, con el atractivo de que se puede entrar en ellas sin ningún problema, curiosear y no te cobran como hacen en otras ciudades.

           

 

   Obligado es degustar los conocidos helados, de muy suave textura y los más variados sabores y colores.  Únicos, exquisitos y vistosísimos.

 

   Muy interesante de visitar, aparte de los jardines que se pueden recorrer en un trenecito por 2,50 € por persona, es la exposición de esculturas de Bernini, y de pintura que alberga el Palacio que está en Villa Borghese, para llegar y debido a que está algo apartada del centro, es conveniente acercarse mediante la linea A del metro, aunque la vuelta la hicimos andando disfrutando del ambiente de la calle y admirando los numerosos Ferraris y otros coches de delicado y deportivos aspectos.

 

   Debido a la gran afluencia que existe de entendidos en arte y admiradores a este recinto, es muy difícil de obtener las entradas que, siempre están agotadas o son para horas menos apetecibles, por lo que, de tener interés por la visita, es posible adquirirlas por Internet en www.ticketeria.it

                      

   Como el primer día que visitamos el Vaticano, no nos decidimos de acceder a los museos del mismo, por las interminables colas de unos 2 Km., volvimos otro día y a las 11 de la mañana tomamos nuestro puesto en la cola, con resignación y los chaquetones en los brazos por el calor, para ir caminando hacia la entrada.   Para nuestra  sorpresa, en una hora llegamos al acceso y entramos en un mundo de arte inigualable, donde se combina la arqueología, con la escultura, la arquitectura o la pintura.

 

   La descripción se hace imposible y sólo se puede tener una noción, viendo fotos de algunas salas, sus suelos, sus techos y los contenidos incalculables de su interior.

 

   Hacemos un descanso en la Capilla Sixtina, (1.471 – 1484 por el Papa Sixto IV), en la actualidad acabada de restaurar y radiante de esplendor y belleza.   Se pide constantemente que no se hable para evitar exceso de vibraciones, y se impide que se hagan fotos. 

 Sentados dejamos que los sentidos se empapen de tanto arte y tan exclusivo, de tanto sacrificio y de tanta inspiración del Maestro Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni, conocido por Miguel Angel. 

   La gran sala rectangular, repleta de pinturas, presenta en su parte central el conocido cuadro de La Creación, y uno de los laterales está ocupado por el gran mural de El Juicio Final.

 

  Cada uno de los frescos, cada figura, cada pincelada transmite las vibraciones de su creador y nos deja sin límite para la admiración de este entorno único en el Mundo.

  Los minutos pasan sin sentir y, después de casi una hora, nos obligamos a seguir nuestro recorrido, no sin esfuerzo por abandonar la Capilla mas bella del mundo.

 

   Hasta el mes de Abril el horario de visitas termina a las 2 de la tarde, por lo que al salir compramos unos libros y exploramos la zona en busca de un restaurante para el almuerzo.   Localizamos uno cuyo aspecto nos pareció bien, y degustamos las viandas entre las que pedimos pizzas que, tanto por su soporte, como por su contenido y sabor, las recordaremos durante mucho tiempo.

            

 

         

   Proseguimos el camino dirección de nuevo al gran Coliseo para visitarlo en su interior.  El gran edificio de mármol es impresionante por su tamaño, las columnas, los capiteles, las esculturas y la altura de sus plantas.   La cola para la entrada es relativamente pequeña y, en poco tiempo, entramos por las galerías que lo bordean y que dejan ver las estancias con diferentes objetivos, hasta que por medio de un moderno ascensor de acero y cristal, subimos al nivel mas superior para recorrer todo el perímetro y gozar de todas las vistas desde tan privilegiado lugar.

  Recordamos de nuestro anterior viaje que había gradas y que en la actualidad no están, sólo hay un pequeño tramo de muestra y acotado.  

                    

   La Ciudad Eterna nos ha proporcionado unos días de encanto, descubriendo cientos de lugares, de grandiosos edificios, de obras de arte únicas e irrepetibles,  y recordando otros aspectos vividos en otra ocasión, de trato con el pueblo amable y comprensivo, de emociones y de diversión.   Roma siempre nos esperará y nuestros deseos es preparar la nueva visita a esta acogedora Ciudad.

 

Así sentí Roma y El Vaticano

 

                                                                                                      Autor: José Enrique González

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