Polonia, impresiones de un País. Gdynia

 

Impresiones de un lugar que no conocí.

 

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR:  José Enrique González (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Agosto 2.008

 

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   Polonia es un país que ha sufrido numerosas ocupaciones y que desde 1.918 es independiente, aunque sus fronteras fueran modificadas con la Segunda Guerra Mundial.

   Su población supera los 38 millones de habitantes, y entre sus ciudades mayores, figura Gdynia, que tiene unos 260.000 habitantes, y de la que partimos para recorrer unos 30 Km. para llegar a la ciudad de Gdansk.

 

   La historia de Gdansk se remonta a unos 1.000 años, por lo que aún conserva edificios de gran porte y monumentos góticos y barrocos, especialmente en la llamada “Ciudad Vieja” a la que se accede por un arco ornamental llamado “Goleen Gate”, que permite el paso a través de las murallas medievales que la defendían.

                 

   Importantes son los edificios del Ayuntamiento y del palacio de Artus, construido en el S. XV.

 

   Esta ciudad también es muy conocida por fundarse por Lech Wałęsa en los astilleros Lenin, el difundido sindicato Solidaridad. Posteriormente el fundador llegó a ser Presidente de la nación.

              

   Cuando cruzamos el espectacular arco, después de mirar como hacían puenting desde una altísima grúa sobre el río Motlawa, comenzamos a pasear por la Long Street, concurrida por miles de personas, y llena de comercios y puestecillos que le confieren un ambiente festivo y relajado, y es una zona peatonal muy interesante también por los edificios y monumentos que en ella hay.

 

   Aunque la temperatura no es alta, las gentes hacen largas colas para comprar helados, pues sólo los ven por un corto periodo de tiempo.

 

   Los cafés sacan sus mesas al aire libre en esta época, y están todos llenos de público que goza del ambiente y de la luz natural.

            

   Los puestecillos mayoritariamente venden productos naturales realizados en madera, mimbre, etc. Y nos llama la atención enormes cajas de madera con cerillas gigantes de unos 30 cm. cada una de longitud.

 

   Un dulce olor a vainilla nos llega desde uno de los puestos ambulantes que hacía gofres, intentamos comunicarnos con la chica pastelera pero era muy difícil hacernos entender, consiguiendo pactar el pagar con euros aunque no conseguimos que nos entendiera los componentes que deseábamos, a pesar de lo cual, nos resultó exquisito y muy particular.

 

   Mi hija tiene como afición, entre otras muchas, el adquirir latas de coca cola poco habituales en nuestro país, escritas en el idioma del lugar de compra, como curiosidad las tiene en árabe, chino, ruso, turco, etc. por lo que intentamos buscar una en polaco.       

   Solo encontrábamos botellas por más que preguntábamos, hasta que en una especie de pastelería, las tenían.   Pedimos una pero solo nos podían cobrar en moneda local (Zloty), por lo que desistimos y nos marchábamos, ante lo cual, para no perder una venta, accedieron a cobrarnos en euros.   Ahora ya luce en la estantería de recuerdos.

                

   Caminando nos encontramos con la conocida fuente de Neptuno, realizada con esculturas en bronce y que fue el símbolo de la ciudad en época de la liga de los países Anseáticos.

         

 

       

   En esta zona de la Ciudad vieja, se encuentra la Iglesia de St. Mary que, según nos informaron, el la iglesia medieval de estilo gótico mayor del mundo construida con ladrillos, aunque no se si es posible que yo ya conozca la gran cantidad de cosas únicas o mayores del mundo, pues en casi todos sitios pretenden ser originales, desconociendo su certeza.

                

   La edificación se prolongó durante 159 años y ahora contiene en su interior un reloj astronómico que data del siglo XV, en el que se reflejan incluso el santoral.

 

   Muy importante es la catedral de la Oliwa, construida sobre las ruinas de un antiguo monasterio, y donde se hizo un órgano único compuesto de casi 8.000 tubos de metal y madera, y que hoy constituye una de las atracciones más populares.

 

   Muy visitado es el castillo gótico de Malbork por ser de los mas importantes de Polonia y su construcción se llevó a cabo en época de los caballeros Teutones, allá por el año 1.274, y posee unas magníficas murallas defensivas, torres y laberintos de cámaras y mazmorras.

   En su interior podemos disfrutar de colecciones de piezas de ámbar, esculturas o cerámica.

 

   A la salida de la zona antigua, visitamos un museo y tienda de ventas de ámbar, preciada sustancia que es definida como: “El ámbar es una sustancia dura, liviana y quebradiza. Se forma de una resina vegetal residual de algunos árboles que data de hace 25 a 40 millones de años y que con el tiempo sufrió un proceso de fosilización formando masas irregulares y extensas dentro de los estratos de arenisca y pizarras arcillosas de la edad terciaria”.

  Actualmente es utilizada en joyería y los hay de diferentes colores que van desde el mas claro, que es el mas antiguo y escaso, pudiendo tener unos 40 a 50 millones de años, hasta los acaramelados mas jóvenes, que suelen tener entre 20 o 25 millones de años.

 

   Como complemento a la venta de piezas con ámbar en esta tienda-museo, se nos hace una demostración de autenticidad introduciendo en agua piezas falsas y autenticas, flotando las autenticas por su contenido en burbujas de aire captado en su interior, aunque por otros conductos nos informaron que las pruebas no son concluyentes.

 

 

C O I N C I D E N C I A S:

    

Durante el paseo por la calle peatonal, Long Street, concurrida y recorrida por miles de personas, nos deja perplejos oír una voz con tono andaluz:  ¡ Pero tú ¿Qué haces aquí? !

Sorprendidos miramos y se trataba de una compañera de trabajo, cuyo puesto de trabajo está en la misma planta y a escasos metros del mío, y que solo nos vemos para cosas muy concretas y esporádicas y ahora, nos encontrábamos paseando por una calle de Polonia.

   Nos saludamos efusivamente y, casualmente, hacíamos el mismo crucero, aunque nunca nos vimos ni coincidimos otra vez en el barco.

 

Así sentí Polonia

 

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AUTOR: José  Enrique González      

 

 

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