Finlandia, impresiones de un País. Helsinki

 

Impresiones de un lugar que no conocí.

 

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR:  José Enrique González (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Agosto 2.008

Haz clic en una imagen para ampliarla.


 

                                                

   La llegada a Finlandia fue un poco triste, era nuestro último puerto de este crucero y teníamos que dejar el barco, depositando nuestros equipajes en el autocar que nos enseñaría esta ciudad de Helsinki y otra próxima.

   Mientras se realizan las maniobras de atraque y se bajan todos los equipajes a un lugar del puerto habilitado para ello, nos echamos en unas tumbonas situadas en la cubierta seis disfrutando del agradable sol   y la brisa marina, comentando los lugares que ya habíamos visitado y lo confortable que había sido el barco.

                            

 

   Helsinki es más que una ciudad nórdica, una ciudad europea, con edificios de gran porte, luminosa en esta época del año, limpia y con un ambiente festivo para disfrutar el ansiado verano.

   La climatología es muy dura en invierno por las bajas temperaturas y por la falta de luz natural, pues el sol deja ver su luz, los días despejados, solo unas horas hasta el mediodía, quedando el resto del día en la oscuridad, lo que no afecta a las distintas actividades ni horarios comerciales, pero si afecta a multitud de personal, cuyos ánimos decaen por la carencia de luz natural.

 

   En verano el ambiente es festivo, la zona próxima al centro está llena de personas paseando, leyendo, comprando en las muchas tiendecitas que están en la zona, hablando en grupos y sentadas en los veladores situados en la plaza, donde hay multitud de puestos vendiendo vistosas flores, verduras y frutas de muchas clases, y otros son pequeños restaurantes donde se puede comer a precios razonables y comida preparada delante del público.

           

   Al ser la hora del almuerzo, pedimos en uno de los restaurantes de la plaza, un plato combinando diferentes alimentos, que se estaban haciendo delante de nosotros, costándonos mucho esfuerzo el hacernos comprender, pero al final conseguimos unos  menús compuesto de una gran salchicha de reno, que como broma comenté a mi hija, cuando me preguntó sobre su sabor, que sabía a Papa Noel, acompañada de pequeños dados de patatas, otros de jamón, verduras y un arroz muy especiado de exquisito sabor.

           

   El postre ya estaba decidido antes de tomar asiento, pues en el paseo que dimos antes por los puestos de la plaza, vimos unas impecables fresas en grandes montones, y a las que le asignamos una procedencia de Moguer.   Compramos 1 litro, medida que se usa en todos los puestos, y, al probarlas estaban exquisitas, con un sabor intenso y una dulzura inhabitual, tanto que dedujimos que debían tener un almíbar o algo parecido, comprobando su procedencia vemos que estaban cultivadas en Polonia.   Tanto nos gustó que consumimos el litro entero entre los tres.

  Otras personas, sentadas o de pie, están escuchando música en vivo desde un escenario montado para la época estival.

 

   Las temperaturas en verano invitan a pasear por los jardines y por las atractivas calles, llenas de comercios y de personas tomando el sol.   También es muy  común el salir con el barco o la motora, que la mayoría de las personas de esta ciudad poseen.

 

   Por la mañana amanece muy temprano, prolongándose el día  incluso hasta las 10,30 de la noche, hora en que ya muchos restaurantes han cerrado aún haciendo sol, por lo que es frecuente cenar con luz natural.

  Económicamente es un lugar caro para nosotros, pero nos explican que es el país de mayor nivel de vida y aunque pagan unos impuestos parecidos a los nuestros, piensan que son muy elevados, pero nos comentan que el sueldo medio está alrededor de los 2.800 € y que un profesional, como un médico, puede tener unos salarios entre 5.500 y 6.000 € mensuales.

   Aparte de los ingresos, es destacable que los servicios sociales son muy buenos, tanto en infraestructuras, como en sanidad o enseñanza donde no solo los estudios básicos, medios y superiores son gratuitos, sino que dicha gratuidad alcanza también a la universidad y a los doctorados que se cursen.

 

    Por otro lado, aquellos servicios necesarios, como la electricidad o la calefacción, son muy baratos incluso para nosotros, y un alquiler de una vivienda básica está entorno a los 200 € mensuales.

    Todas las viviendas familiares y de recreo, están equipadas con saunas desde la que salen y se duchan con agua fría o se bañan en las gélidas aguas del Báltico.

 

   Una forma cómoda de visitar la ciudad es en tranvía turístico, con el que se tendrá una visión general de la urbe, es curioso que no hay que pagar ticket, pero si hay que realizar una consumición, pues está preparado para dispensar y consumir bebidas, como una cerveza que cuesta 4 €.

            

   Al pasar por el centro de la ciudad, por sus calles llenas de almacenes comerciales y tiendas, de coches y de personas, nos comentan que en invierno la temperatura puede descender hasta los 20 º bajo cero, pero que existe un sistema de calefacción debajo del pavimento que evita la formación de placas de hielo en la calle, además de estar toda la zona centro comunicada por un trazado bajo tierra, pudiéndose desplazar las personas de un comercio a otro sin necesidad de subir a la superficie.

                       

   Interesante de visitar el la catedral Uspenski, coronada con espectaculares cúpulas doradas, el Palacio Presidencial, el Parlamento y el Museo nacional.    También es muy interesante pasear por la calle de modas finlandesa, la Splanadi, aunque hay que poner a buen recaudo las tarjetas bancarias.

              

   Hacemos una visita general en el autocar y nos paramos para ver una curiosa iglesia de moderno diseño, cuyo nombre es Rock Church y está excavada en la roca de granito y con una original cubierta con una cúpula realizada en cobre, lo que le confiere una acústica estupenda, que pudimos comprobar al comenzar un concierto de órgano al que, lamentablemente, no pudimos asistir por tener que continuar nuestra programación.

             

   Nuestro destino es la segunda ciudad más antigua de Finlandia, fundada en el siglo XIV y con solo 47.000 habitantes, cuyo nombre es Porvoo.

 

   Al tomar contacto con esta ciudad, se percibe su historia medieval, con la mayoría de sus edificaciones en madera, las calles empedradas y la plaza con un mercadillo artesanal.

            

   Enseguida nos llama la atención, las pequeñas cabañas pintadas de color rojo, al borde del río Porvoo de tranquilas aguas, grandes bosques y una paz y tranquilidad relajantes.

 

   En esta ciudad son destacables  para visitar los siguientes enclaves:

 

      La Catedral que es una de las más antiguas de Finlandia, teniendo elementos que datan del siglo XI. El edificio se incendió varias veces entre 1300 y 1700, y sufrió el impacto directo de una bomba en 1914. La bomba pasó milagrosamente a través del techo pero no explotó. Un nuevo incendio se produjo en 2006 y su reconstrucción ha llegado a su terminación recientemente.

 

   El Museo de Juguetes. Contiene más de 1000 muñecas y juguetes que datan de 1800 a 1990.

   El Museo de Porvoo. Es un museo de historia y arte que está en el casco antiguo de la ciudad, en un edificio que data de 1760, muestra elementos de la vida campesina y una colección de fotos antiguas.

   En el casco antiguo hay un montón de tiendas muy pintorescas donde se puede comprar cualquier cosa, desde muñecas antiguas hasta joyería hecha a mano. Sin embargo, muchas de estas tiendas, sólo abren en verano.

        

   Saliéndonos un poco del recorrido de la calle comercial, dimos con unas edificaciones de madera, perfectamente conservadas y pintadas, una de las cuales era un café al borde del río, con un embarcadero de madera flotante utilizado para tener veladores desde los que contemplar y disfrutar del idílico paisaje, de los reflejos de los bosques en las cristalinas aguas y deleitarse con un café, abrigados por las mantas que, a tal fin, estaban puestas en un mueble sobre la gran tarima flotante.

    Así lo hicimos y acompañaron los capuchinos de un exquisito bombón de fino chocolate, interesándonos supimos que la fábrica era local y tenía mucha fama, por lo que nos informamos y compramos una cantidad no pequeña de estas exquisiteces.

     Curiosamente nos advierten que no se pueden llevar las bolsas de los bombones en el equipaje de mano en los aeropuertos, por lo que tenemos que hacer sitio improvisado en las maletas antes de llegar a facturarlas.

    Sentados en el autocar miramos los inmensos bosques camino del aeropuerto, comienza una intensa lluvia que entristece el ambiente y nos hace más dolorosa nuestra inminente partida y el fin de estas vacaciones, pero también justifica la abundancia de vegetación en estas latitudes.

   Llegamos al moderno aeropuerto, nos despedimos de estas tierras tan “perfectas”, limpias, lluviosas y tranquilas que nos han proporcionado la experiencia de conocerlas, y así, conocer otras costumbres, otras personas y otras formas de vida.

 

 

Así sentí Finlandia. Así sentí Helsinki

 

 

 

IR AL ÍNDICE                        PARA ESCRIBIRME               VER ÁLBUM DE FOTOGRAFÍAS                            

 

AUTOR: José  Enrique González    

 

 

  contador de visitas
contador de visitas
        www.estadisticas-gratis.com